Los ammonitas, un pueblo mencionado con frecuencia en la Biblia, desempeñaron un papel significativo en la historia de Israel. Su relación con los hebreos, sus creencias y su influencia en el desarrollo de la nación israelita son temas de gran interés para los estudiosos de la Biblia y la historia antigua. Este artículo explorará en profundidad quiénes eran los amonitas, su origen, su cultura, sus relaciones con Israel y su destino final según la Biblia.
Origen y Raza de los Amonitas
Los ammonitas eran una raza estrechamente relacionada con los hebreos, un vínculo que se refleja en el nombre que se les daba en la Biblia: Bén'ámmî, que significa hijo de mi pueblo. Esta denominación sugiere que los hebreos consideraban a los ammonitas como descendientes de un pariente cercano. Aunque el origen del nombre Ammón es incierto, posiblemente derivado del nombre de una deidad tribal, el lenguaje ammonita, aunque no se conservan inscripciones, revela una estrecha afinidad con el hebreo.
La cercana relación de sangre entre Moab y Ammón, admitida por todos, y el lenguaje de la piedra moabita, casi hebreo en su forma, refuerzan la idea de un origen común entre Israel, Moab y Ammón. Este argumento lingüístico respalda la creencia de que Israel siempre tuvo en cuenta este parentesco con los ammonitas.
La Biblia, en Génesis 19,32-38, atribuye la paternidad de Ammón y Moab a Lot, sobrino de Abraham. Esta narración, tradicionalmente interpretada como un hecho literal, ha sido reinterpretada por algunos estudiosos como una burda ironía popular, a través de la cual los israelitas expresaban su aversión por la corrupta moral de los moabitas y ammonitas. Otros estudiosos consideran que la depravación de estos pueblos es una prueba de la realidad del relato bíblico acerca de su origen incestuoso.
Los etnólogos, al interpretar este origen, sostienen que los israelitas eran considerados la tribu más antigua y poderosa, mientras que los ammonitas y moabitas eran considerados como ramificaciones del tallo principal. El carácter del Génesis, que a veces parece preservar las tradiciones populares en lugar de la exactitud etnológica, confirma esta posición. Sin embargo, no se niega la tradición hebrea del parentesco inmediato de Israel, Ammón y Moab. Los tres forman un solo grupo y se clasifican como pertenecientes a la rama aramea de la raza semita.
El País y la Civilización Amonita
Los ammonitas se establecieron al este del río Jordán, en un territorio que originalmente se extendía desde el río hasta el desierto, y desde el Río Yabboq, al sur, hasta el Río Arnón (Jc. 11,13-22). Este territorio, que luego perteneció a Rubén y Gad, era considerado el país de los refaítas, quienes habitaron la zona antiguamente. Los ammonitas los llamaban zanzumitas (Deut. 2,20), y a este grupo pertenecía Og, rey de Basán, quien murió a manos de los hijos de Israel en los días de Moisés (Deut. 3).
Sin embargo, poco antes de la invasión hebrea comandada por Josué, los ammonitas fueron expulsados de este rico territorio por los amorreos y se retiraron a las montañas y valles que forman la parte oriental del distrito actualmente conocido como El-Belka. A pesar de haber sido expulsados, los ammonitas siempre consideraron que su territorio original les pertenecía por derecho, y en épocas posteriores lo reconquistaron y lo mantuvieron durante un largo período.
Aunque su tierra no era muy fértil, disfrutaba de agua abundante y excelentes pastos. Jeremías dice de Ammón que se gloría en sus valles y confía en sus tesoros (Jer 49,4). Su ciudad principal era Rabbath, o Rabbath-Ammon, para distinguirla de otra ciudad del mismo nombre en Moab, y estaba ubicada en medio de un valle fértil y bien cultivado. Era la ciudad real, que floreció bajo el gobierno de un rey poderoso en tiempos de David y estaba bien fortificada, aunque finalmente sucumbió al ataque de Joab, general de David (2 Sam. 11-12). Ptolomeo II (Philadelphus) la reconstruyó posteriormente y la llamó Filadelfia, un nombre que aún conserva algo de su nombre original, aunque actualmente los árabes la conocen como Amman. Sus ruinas son de las más imponentes del otro lado del Jordán, a pesar de las muchas vicisitudes de la ciudad, y dan vida a la narración del ataque de Joab.
Los ammonitas tenían muchas otras ciudades además de Rabbath (vea Judit 11,33; 2 Sam 12,31), pero sus nombres han desaparecido. Indican un considerable desarrollo de la civilización y muestran que los ammonitas no eran solo nómadas, como se suele creer.
Religión de los Amonitas
En cuanto a la religión, los ammonitas practicaban la idolatría y las abominaciones comunes a las razas semitas que rodeaban a Israel. Su dios se llamaba Milkom, supuestamente otra forma de Moloc. Parece que los hebreos sentían por los ammonitas un desprecio especial, al igual que por los moabitas. A nadie de esos pueblos, ni siquiera luego de convertirse a la religión de Yahveh, se le permitía entrar al Tabernáculo, ni sus hijos o descendencia hasta la décima generación (Deut. 23).
Las Relaciones entre Ammón e Israel
Esta distinción contra sus parientes cercanos se debía al tratamiento que estos últimos le habían dado a Israel durante su camino a Palestina. Los hebreos no tenían la intención de arrebatar sus tierras a los descendientes de Lot, ya fuera Moab o Ammón, y se les había indicado específicamente que no lo hicieran. Esta amistad especial y el reconocimiento de su consanguinidad no fueron correspondidos por ninguno de los dos pueblos, quienes se negaron a abastecer a los israelitas, e incluso emplearon a Balaam, quien era ammonita, o por lo menos vivía entre ellos, para maldecir al ejército de Israel; aunque, como es bien sabido, Balaam fue obligado a dar en su lugar una bendición (Deut. 23,4-5; Núm. 22 - 24).
Debido a esta carencia de amor fraterno, se puso una prohibición contra los ammonitas, pero no hubo intentos de arrebatarles sus tierras. Al llegar a sus fronteras, los israelitas simplemente se desviaron por otro camino. Sin embargo, la faja de tierra a lo largo del Jordán que ellos reclamaban les fue quitada a los amorreos, quienes los habían desposeído de ella. Se dice que Moisés le había asignado también a la tribu de Gad la mitad de la tierra de Ammón (Jos. 13,25), pero no existe constancia de que se la arrebataran a los ammonitas, lo que además hubiera estado en contradicción con la orden divina ya mencionada. Más bien parece que se trata de un territorio del cual ellos ya habían sido expulsados.
Poco después de la muerte de Josué, cuando los israelitas ya se habían establecido al otro lado del Jordán, los ammonitas se aliaron con los moabitas, en el reinado de Eglon, y atacaron exitosamente a Israel. Los moabitas fueron vencidos y se estableció un largo período de paz (Jc. 3,30). Más tarde, durante la judicatura de Yair, los hebreos fueron atacados simultáneamente por los filisteos desde el sureste y los ammonitas desde el este. En especial Gad, cuyo territorio yacía al este del Jordán, hubo de sufrir durante dieciocho años los ataques de los ammonitas, y eventualmente el enemigo victorioso atravesó el Jordán y devastó los países de Judá, Benjamín y Efraín (Jc. 10).
Jefté y la Derrota de los Ammonitas
Ante esta crisis, Israel entró en pánico, pero surgió un salvador en la persona de Jefté, quien fue elegido líder. Los ammonitas exigieron que se les cediera el territorio más allá del Jordán, desde el Arnón hasta el Yabboq, del cual habían sido desposeídos, pero Jefté se rehusó, ya que 300 años antes los israelitas habían quitado esas tierras a los amorreos, no a los ammonitas. Audazmente llevó la guerra al país de los invasores, y los derroto completamente, arrebatándoles veinte ciudades (Jc. 11,33).
Saúl y la Victoria sobre los Ammonitas
En tiempos de Saúl, los ammonitas habían recobrado un gran poder y bajo el reinado de Najás (Nahash) habían sitiado a Jabes Galaad. Saúl había sido elegido rey por Samuel solo un mes antes y su elección aún no había sido ratificada por el pueblo; pero en cuanto supo del sitio convocó un gran ejército y derrotó a los ammonitas, causándoles muchos daños (1 Sam. 11). Esta victoria lo elevó a la monarquía. Se mencionan sin gran detalle otras acciones de Saúl en contra de los ammonitas (1 Sam. 14,47), y también la amabilidad de Najás hacia David (2 Sam. 10,2), probablemente antes de su ascensión al trono.
David y la Guerra contra Ammón
David marcó el inicio de su gobierno con hazañas militares y se dice que dedicó a Dios el botín capturado a Ammón (8,11). No obstante, no se menciona ninguna guerra, porque cualquier acción bélica habría sido incongruente con la amistad entre David y Janún, sucesor de Najás (10,2). La oferta de amistad de David hacia Ammón fue rechazada, y sus embajadores fueron maltratados, tras lo cual se inició la guerra. Los sirios se unieron a los ammonitas, y ambos fueron atacados y vencidos por Joab, el principal general de David.
Al año siguiente, Joab invadió de nuevo el territorio de Ammón, persiguió a su gente hasta Rabbath, y sitió la ciudad real. Fue durante este sitio que sucedió el incidente de David y Betsabé, que culminó cuando David envió al fiel Urías a su muerte en Rabbath, causando con ello la mancha más terrible en su carácter. Cuando Joab hubo sometido la ciudad envió por David, quien llegó y se cosechó la gloria de la victoria; se colocó en su cabeza la enorme corona del rey, saqueó la ciudad y masacró a sus habitantes, e hizo lo mismo en todas las ciudades ammonitas (caps. 10 - 12). Así se quebró la fuerza de Ammón, y aparentemente éste se convirtió en vasallo de Israel.
Posteriormente, hacia el final del reinado de David, otro hijo del rey Najás, ya sea por falta de espíritu o por genuina humanidad, se mostró generoso con David cuando el entonces anciano y asediado rey combatía con su hijo Absalón (17). Algunos ammonitas parecen haberse enlistado en el ejército de David; se menciona a uno de ellos entre sus treinta y siete guerreros más valientes (23,37).
Salomón y la Adoración de Dioses Amonitas
No se narran hostilidades durante el reinado de Salomón, el cual tomó mujeres ammonitas como esposas, adoró a sus deidades y edificó un lugar alto en su honor (1 Rey. 11), que fue destruido por Josías (2 Re 23,13).
La Caída de Ammón y su Destino Final
Cuando murió Salomón y su reino se dividió, los ammonitas recuperaron su independencia y se aliaron con los asirios, combatiendo a su lado en un ataque a Gilead, con lo que creció su territorio. La bárbara crueldad que mostraron en esa ocasión provocó la denuncia de Amós, quien predijo la caída de Rabbath (Amós 1,13). Durante la invasión asiria, en el reinado de Teglatfalasar, cuando sus vecinos los rubenitas y gaditas fueron llevados a la cautividad, los ammonitas recuperaron parte de su antiguo territorio a lo largo del Jordán (2 Rey. 15,29; Jer. 49,1-6).
En tiempos de Josafat, rey de Judá, cuando los israelitas estaban más debilitados, los ammonitas encabezaron una confederación de naciones para subyugarlos; pero habiendo surgido la sospecha entre los aliados, terminaron destruyéndose unos a otros e Israel escapó milagrosamente (2 Crón. 20,23). Después de casi 150 años, Joatam, rey de Judá, se aventuró a atacar a los ammonitas, los conquistó y los hizo vasallos exigiéndoles un tributo anual (2 Cro 27), que sin embargo sólo fue pagado tres años.
Pero ya se acercaba la condena de la monarquía hebrea, en la que los ammonitas iban a jugar un papel importante. Nabucodonosor, rey de Babilonia, los empleó, al igual que a otras naciones de la comarca, para destruir el reino de Judá (2 Re 24), y cuando llegó finalmente la caída, fue el rey de los ammonitas quien envió asesinos a Judea para matar al gobernador quien había reunido a los sobrevivientes Judá (2 Re 25; Jer, 40,14). Después del retorno, el antiguo odio parece aún sobrevivir (Neh. 4). En tiempos de Judas Macabeo los ammonitas eran aún una nación fuerte, y el gran líder tuvo que pelear muchas batallas antes de conquistarlos (1 Mac. 5). No se hace ulterior mención de ellos en tiempos bíblicos. San Justino Mártir se refiere a ellos como un pueblo numeroso en su época, pero al siglo siguiente desaparecieron de la historia.
Consultas Habituales
¿Qué papel jugaron los ammonitas en la historia de Israel?
Los ammonitas tuvieron una relación compleja con Israel, marcada por la rivalidad territorial, las guerras y las alianzas. Su presencia en la historia de Israel es notable, especialmente durante las épocas de los jueces y los reyes, donde se les representa como enemigos y aliados en diferentes momentos.
¿Cuál fue la principal diferencia entre los ammonitas y los israelitas?
Aunque compartían un origen común, los ammonitas se diferenciaban de los israelitas en su religión y sus prácticas, especialmente en la adoración de dioses paganos como Milkom. La Biblia también destaca la actitud hostil de los ammonitas hacia los israelitas, lo que contribuyó a la enemistad entre ambos pueblos.
¿Qué sucedió con los ammonitas después de la destrucción de Judá?
Después de la caída de Judá, los ammonitas continuaron como una nación independiente, pero no se les menciona con frecuencia en los textos bíblicos. Su destino final es incierto, pero se cree que desaparecieron como pueblo en algún momento después de la época de Judas Macabeo.
¿Qué lecciones se pueden aprender de la historia de los ammonitas?
La historia de los ammonitas nos recuerda la importancia de la fidelidad a Dios, la necesidad de evitar la idolatría y la importancia de la paz y la armonía entre los pueblos. También nos enseña sobre las consecuencias de la desobediencia y la falta de amor fraterno.
Los ammonitas, un pueblo estrechamente relacionado con los israelitas, jugaron un papel importante en la historia de Israel. Su origen, cultura, religión y relaciones con Israel son temas complejos y maravillosos que se pueden explorar a través de la Biblia y otros textos históricos. La historia de los ammonitas nos ofrece una perspectiva única sobre el desarrollo del pueblo de Israel y las dinámicas políticas y religiosas de la época.
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